Querida Artista:
Hola, te escribe Tania:
¿Hace tiempo que no produces, que no creas?
¿O, estás produciendo, pero se siente forzado, como que no fluye?
¿Te sientes constantemente preocupada, como que todo te rebasa?
¿Te sientes cansada, agotada física y mentalmente?
¿Te sientes desmotivada?
¿Estás desconectada de tu artista?
Te entiendo perfectamente, porque justo esto me pasaba a mi el año pasado y no sabía exactamente por qué.
Simplemente, era una sensación de ahogo, de sentirme apretada, encorsetada, de querer salir corriendo y no poder, de llorar por todo así sin más.
Una sensación de incomodidad e inquietud. Ansiedad.
Recuerdo estar sentada viendo a mi hijo, el mayor, en su partido de futbol y comenzar a tener una sensación extraña en el cuerpo, como de no querer estar ahí, de pronto un hormigueo en las manos y una extraña agitación en mi respiración.
Recuerdo pararme de golpe, asustada, buscar a Bruni con la mirada y volverme a sentar, pensando, ¿pero a dónde me voy? ¿Qué lugar calmaría este desasosiego?
Y al no poder responder, tener que volver a sentarme en la banca de cemento frío, con los ojos llenos de lágrimas, mientras todos gritaban por el más reciente gol.
¿Qué me pasa?
Comencé a buscar ayuda.
Primero, pensé que era una especie de burnout laboral. Clásico. Siempre he trabajado de más y aunque me sentía totalmente reformada y una workaholic en rehabilitación, lo cierto es que bien podía ser exceso de trabajo.
Reduje mi hora laboral. Y mejoré una semana.
Luego, otra vez, la incomodidad, la sorpresa cuando terminé llorando en medio de la comida porque me ofrecieron una rebanada de pastel que no puedo comer, por la dieta estricta que llevó por la alergia de Cami. (Doy leche materna, Cami tiene alergia a la proteína de la leche de la vaca, pero esto es otra historia).
Ok, ok, a lo mejor es la dieta. Mis retos como mamá.
Busqué y conseguí unas galletas aptas, lo más cercano al pastel de chocolate, mejoré, sólo un poco.
Más tarde, otra vez. Otro llanto, otro día y otro, y otro, y otro.
Comencé a sentir que pasaban los días, pero yo no estaba presente. Era una sensación como cuando duermes profundo y sientes que apenas cerraste los ojos y ya está sonando el despertador. Como si no hubieras dormido nada, pero ya pasaron 10 horas.
Pues bien, yo eso sentía, pero en el día.
Abría los ojos, espacio neutro, cerraba los ojos para volver a dormir.
Y así, muchos días, hasta que se hizo insostenible.
Comencé a tener dolores en el cuerpo, primero la cadera, luego la cintura, luego la espalda.
Y me comenzó a pasar que al cerrar por un instante los ojos, me veía dando vueltas, sonriendo, con las manos hacia el cielo, divertida, tranquila, en paz y cuando los abría me sentía tan, pero tan lejos de ese día, de ese momento.
¿Qué necesito que pase para sentirme así?
Busqué terapia, de nuevo.
Y en las 2 horas de sesión lloré como nunca. Y entendí, como siempre que tomó terapia.
Estaba despidiéndome de Claudia, mi terapeuta. Le decía repetidamente: gracias.
Y de pronto agregué, esto me tiene muy sorprendida, yo que siempre tengo todo bajo control, que sé las respuestas, que soy muy autoconsciente, cómo es que me he sentido así.
Me sonrío y me dijo, antes de que te vayas, mírate en ese espejo, y señaló el espejo en el fondo de su consultorio, y dile a los ojos a Tania, lo que me acabas de decir.
Sonreí. Y me encamine al espejo.
Me miré a los ojos.
Sólo alcancé a decir… nada.
Comencé a llorar. Un llanto arrebatado, enojado, iracundo.
Ya no más, me dije entre balbuceos, mientras las lágrimas se me colaban entre los labios y me empapaban los lentes.
Ya no más.
Sólo quiero escribir sin que me preocupe nada, ni que lo lean, ni que esté bien, ni que a alguien le guste lo que hago.
Me quebré.
Después de tantos tumbos, por fin, entendí.
Era mi artista pidiendo ayuda.
Esa sensación de incomodidad, de ansiedad, era vacío.
Vacío de propósito artístico. Vacío de creación.
Un enorme vacío, el trecho entre mi artista y yo.
¿Hace cuánto que no escribo lo que me da la gana? Me dije.
Hace mucho.
Y entonces, comencé mi viaje de reconexión con mi artista.
Un viaje en el que he echado mano de libros, meditación, contemplación y un amoroso encuentro deliberado con mi parte creativa.
De este viaje nació la intuición para crear el espacio al que te voy a invitar hoy.
Porque luego de más de un año de enfrentarme con esta transformación y este encuentro con mi artista estoy lista para compartirlo contigo.
Porque sé, lo siento en mi corazón, sé que puede servirte.
Nos va a hacer bien.
